miércoles, 27 de noviembre de 2019

Determinadas personas con discapacidad tienen una sexualidad incontrolable, “perversa”, impulsiva, promiscua y por ello, llena de peligros.




Lo que ocurre es que no suelen recibir Educación Afectivo-Sexual para distinguir a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo entre muestras de atención apropiadas e inapropiadas o entre qué prácticas sexuales o expresiones afectivas se pueden hacer en público y cuáles corresponden al ámbito privado e íntimo. Una intimidad que necesitan y que desde el entorno se ha de favorecer.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario